La muerte acecha en Altamar.

La muerte acecha en altamar: la impresionante historia de dos náufragos colombianos.

Así fueron los 12 días que Salamanca y el capitán pasaron en el océano Atlántico, enfrentados a dos tormentas furiosas que los dejaron sin velas, motor ni aparatos de navegación, acosados por una enfermedad transmitida por los peces y en la búsqueda delirante de la tierra.

Tras dos furiosas tormentas las velas se rasgaron, la electricidad del barco se fundió y el motor y los equipos electrónicos de navegación dejaron de funcionar. El hambre y la intoxicación de uno de los navegantes eran cada vez más críticos. La muerte se presentía a bordo. Fue entonces cuando un pedazo de tierra, a lo lejos, se manifestó como un delirio. Se creyeron salvados. Exhaustos, entregaron un esfuerzo más por alcanzar la orilla, pero después de un par de horas bordeando la costa comprobaron que lo que tenían al frente eran unos cayos casi vírgenes, sin comida ni humanos. La sensación de salvación se hundió en lo profundo del océano. En la tarde del octavo día de viaje, Daniel Salamanca y el capitán se dieron cuenta de que eran naúfragos.

Era inverosímil que el destino hubiera dado semejante vuelco en solo una semana. Salamanca, un estudiante de biología marina de 26 años, llevaba 4 meses planeando el viaje. Lo tenía en su mente desde que era adolescente. Por eso empezó a juntar plata para comprar su propio barco. El 1 de marzo de 2018 voló desde Santa Marta a Florida, costa sureste gringa, a ver un par de embarcaciones que ya tenía fichadas. La primera, la que le ofrecieron en Big Pine Key, le pareció un fiasco. Viajó a ver la segunda, un velero de 15 metros de largo con cupo para 7 personas, dos motores (uno de ellos dañado), un panel solar, una cocina a gas, un baño con ducha y un equipo de navegación de punta. El Coral Dream era la materialización del sueño de Salamanca.

Empezaba a formarse un frente frío en la Costa de Nueva York que amenazaba con desbaratar sus planes, así que la duda no era una opción. Revisó la embarcación con apuro y le pareció perfecta. La llenó con provisiones para 6 días, el tiempo máximo que, calculaba, le tomaría junto al capitán llegar a Cuba, donde se abastecería de nuevo. La idea de ambos era atravesar medio continente y regresar a Santa Marta en un recorrido oceánico de 2.000 kilómetros.

En tierra comenzó otro naufragio que se prolongó durante siete días. Una travesía en la que Salamanca se enfrentó a la burocracia cubana, mientras el capitán volvía a la vida en los hospitales de la isla. La familia del joven, entretanto, padecía el viacrucis de desconocer su destino, y solo se enteraron de que había sobrevivido el mismo día en que Salamanca, por la generosidad de un joven árabe también retenido en la isla, pudo comprar un tiquete de regreso a Colombia, un mes después de haber partido a Estados Unidos.

Por estos días, Salamanca avanza en sus estudios para convertirse en biólogo marino. En Santa Marta, donde volvió a ver al capitán ya recuperado de la ciguatera, se dedica a buscar velas para sustituir las del Coral Dream. También está buscando a un nuevo capitán que lo acompañe a la isla, donde planea rescatar su barco y reanudar la travesía hasta Santa Marta. Ni siquiera antes del naufragio había sentido tantas ganas como ahora de subirse a un velero y adentrarse en altamar.

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